miércoles, 14 de mayo de 2014

Tal vez, tú

Alguien que no haga tantas preguntas, que no sea adicto a la verdad absoluta. Alguien que me deje andar descalza por la casa, que me bese la frente y se pare a apagar la luz, para dormir abrazados o no. Para amarnos con el cuerpo o no.

Alguien que me lea y me desenrede. Que no me diga lo que quiero, sino lo que necesito escuchar. Pero eso sólo a veces, una vez al mes o cuando tenga ganas de amarlo sin remedio. Que no soporte verme llorar pero me bese cada lágrima con una paciencia atroz. Que se quede sin palabras al escucharme cantar, porque lo hago fatal o porque le parezco divina.

Alguien a quien necesitar bonito, sin sufrir por no estar, sin dejar de hacer por no sentirme acompañada. Alguien que admire a cada una de las que soy, que las consienta a todas, les traiga un libro, o un beso, o una canción. Que procure mis malos hábitos, que los haga suyos, que se ría de ellos y los enaltezca. Que me tome de la mano cuando estoy equivocada, que sienta el vértigo a mi lado; que si duda, no sea de mí.

Alguien que escriba para mí, que me cuide el sueño, o me lo quite, o lo haga realidad. Que no espere ir en línea recta, que se atreva a emprender aventuras inútiles, que se divierta a costa de los errores de los dos.

Alguien que buscando pretextos, encuentre motivos. Que me mire cuando no me doy cuenta, que me haga cosquillas despacito y no me invente nombres de cariño, que me llame como soy porque suena bonito. Que no quiera rescatarme. Que desnude mis instintos sin quitarme la ropa.

Alguien que me haga el amor mientras recostada en sus piernas, lloro el final de mi libro favorito. Que no aprenda a bailar pero lo intente porque sabe que me hará feliz, que comparta conmigo los simbolismos necesarios para no olvidarnos jamás. Que no me ate a él, pero me invite a hacer lo posible por permanecer a su lado.

Alguien que sea y esté. Que le sea suficiente el amor.


sábado, 15 de marzo de 2014

Me haces bien.

A tu lado dejo de ser miedo, dejo de ser culpa, dejo de ser error. Porque en tus ojos hay un par de olas que vienen y van, y cuando me miran, me calman. Porque en tu sonrisa vive un huracán que se pasea a mi alrededor y me hace cosquillas en el ayer. Porque en tus manos existe un concierto que hace música con mis más escondidas fibras.

Contigo dejo de ser dolor, dejo de ser duda, dejo de ser penumbra. Porque en tus pies hay un camino que cuando lo recorro me convierto en guerrera. Porque en tu espalda existe una almohada que me invita a soñar claramente. Porque cada uno de tus dedos tiene un interruptor nuevo que hace a mi cuerpo brillar.

Porque ¿de qué otra forma puedo decir que me haces bien? Como el café recién hecho por la mañana, me despiertas, a mí y a todas esas partes de mí que normalmente duermen. Y como el té helado sin azúcar por las tardes, me refrescas, reinventas mi día. Le haces bien a mis labios, como cada trozo de chocolate que parece armarme al derretirse en mi lengua, despacito, queriendo ser eterno.

Me haces bien como las noches de tormenta, como el sol en dosis adecuadas, como el silencio cuando duele la cabeza, como la música cuando el silencio mata. Me haces bien porque me miras, y así, me doy cuenta de que no soy invisible. Y es que tu mirada lleva algo especial, cuando tú me miras cuenta, cuando otros lo hacen, ofende. Así que ven y mírame un poquito. No me toques siquiera, recárgate sobre la pared y déjame sentarme como niña de tres años sobre la mesa, cruzaré las piernas, jugaré con mi cabello, desviaré la mirada. Mírame. Mírame un ratito, que después el resto es la resolución. Ahí, frente a tus ojos hay una historia. Desnudas mi alma entera, sabes lo que estoy pensando, sabes lo que quiero, no hace falta hablar. Y ese, es precisamente el silencio más delicioso de todos. Cuando las palabras sobran, los corazones se agitan y los ojos se encuentran.

Que no te sorprenda si derramo una lágrima o dos. Suelo llorar más de emoción que de dolor. Cuando la belleza me inunda, la dejo salir un poco por los ojos para no ahogarme.

Mírame, parado frente a mí, un ratito nada más, que me haces bien.


miércoles, 12 de marzo de 2014

Adios (=•.•=)

Te dije “no me hagas esto” y lo hiciste, y ahora que te has marchado. ¿Qué hago con los cristales rotos? Me acuerdo cuando tenía miedo a darte el si pero tus ojos me convencieron.
¿Y ahora?, ¿qué pasó? No lo sé. Aún no entiendo si no podías quererme porque te aferras a relaciones pasadas, o porque realmente no sabes controlar tus miedos o tardaste en creerme.  Prometiste no arañar mi alma con tu indiferencia pero mi corazón ahora está más rasguñado que nunca.
Y finalmente te vas ( te dejo ir), dándome la razón y siendo peor que las demás por considerarte tan bueno. Soñaba con un futuro feliz y poder olvidar dolores pasados, y sólo hizo falta que llegaras y enamoraras a mi ingenuidad amorosa con un simple beso, haciéndome confiar. Lo de siempre.
Hace poco tiempo en una carta que te escribí me alegraba por estar en tu vida deseando estar en ella por muchos años más, y ahora me echas veloz y cruelmente de ella, sin sentido ni razón.

Sabes a la vez quisiera encargarle a alguien nuestra historia. Que me la devuelva de vieja, a esa edad en la que ya sólo se vive de recuerdos.

Rayos, ¡Cómo cuesta pronunciar un adiós!.

Cómo cuesta abandonar una historia que al principio parecía ser la más prometedora de todas las historias.

¿Cómo escribirnos un fin?. Hay puentes que se rompen y dejan de unir ciudades. Al parecer eso nos pasó a ti y a mí.

A algunos nos cuesta dejar ir, dejar de hablar, dejar de contestar llamadas y mensajes, matar esa curiosidad de querer saber cómo está, si aún respira o si al final murió, si es feliz o si le va mal. Y es que no hay un protocolo para eso.


Lo que aún tengo claro y ahora lo pondré más que en practica es que de mi abuelo aprendí que dejar ir, no es otra cosa mas que soltar con amor


viernes, 24 de enero de 2014

Acéptame por quien soy…

No digas nada por favor, que sabes bien cómo soy yo. 
Y creo que sobran las palabras.
No digas nada, ya lo sé. 
Aunque tienes frío también.. hoy veo que no planeas venir.

Y es verdad que la vida algunas veces nos hace pagar con creces y que el tiempo siempre tiene la razón y que al final, cuando algo te pertenece un día inesperado vuelve.

Quiero decirte tantas cosas, quiero acordarme de tú olor, de tus besos y abrazos.

No digas nada por favor, no vaya a ser que me despierte, de un sueño en el que puedo verte y aún puedo hablarte de mi amor. No digas nada, ten piedad. 

Solo te pido que mañana por la noche.. dormido me des la oportunidad.

Dormido sé que esta nuestro amor, y aunque te vea de otro color, se que otra vez puedo enamorarte. 
Puedo decirte la verdad. Y aunque a mi lado ya no estás dormido.. aún puedo mirarte.


Solo te pido una sola cosa…


jueves, 7 de noviembre de 2013

Aún es.

Llevaba ya varios meses, días, horas, minutos; no se, pensando en que iniciaría esta entrada con un “Mi abuelo era”, pero la realidad es que jamás será pasado; nunca tendrá un acento de mala nostalgia, y mucho menos de olvido. Por lo tanto puedo decir que:

Mi abuelo es un hombre que me ha tocado de todas las maneras en que se le puede tocar el corazón a una persona. Es y siempre ha sido un ser sin restricciones para con los suyos; tiene una constancia que te empuja, te lleva hacia adelante si caminas junto a él. La mayor parte de su vida trabajó en una pizzeria, la cual, por muchos años, fue el sustento de una extensa familia y aun lo es.

A los que les tocó esperarlo todas las noches en una calle cerca de la que era la “la casa de todos”, después de su jornada laboral, cuentan que, se volvía un momento importante del día; yo por mi parte dejaba volar la imaginación y creaba un momento lleno de algarabía y muchas sonrisas: él, asomando su enorme sombra por toda la acera, ellos esperando en alguna banqueta en donde lo esperaban ansiosos de oír alguna pisada de mi abuelo que siempre fue quisquilloso y por demás irreverente; la noche era larga, los cigarros y el café: un legado que llevarían hasta mis días.

Se suponía que llegaría hasta este párrafo con absoluta firmeza, pero es importante anotar que los teclados jamás se han descompuesto por alguna lágrima derramada, así que le doy “las tres” al cigarrillo y prosigo:

Dejando un poco de lado el break,  las horas extras y las tantas nóminas, mi abuelo es también un anfitrión de carrera larga, le gustaba hasta hace unos años, tomarse sus tragos y tener a toda la familia reunida por cualquier ocasión que fuese digna de festejarse, aunque bueno, otras tantas era por el simple gusto de echarse una platicada o una bailada con caderita pegada y todo. Que, ya para sus años y mis años, no me tocó verlo en su plena hangueada, pero siempre supe de sus amores antes de mi abuela, era un “Don Juan”.

Y sí llegaste hasta aquí, podrías tener la noción de que este hombre era un cabrón bien trabajador. Lo cierto es que llegó al mundo con varios sabores y también hay un lado bien dulce que se escapa en cada mirar que te dirige, un “pan de dios”, le dicen, que si se manejara un perfil en Facebook, tendría la bola de amigos que sí son amigos, que sí lo admiran y que sí lo quieren derecho. A mí por ejemplo, me dio cada lección a partir de que cruzo la puerta de su casa, imagínense que te recibe con un “-¿Ya comiste? –Sí. –No importa, vuelves a comer y ya”. Imagínense.

Es por eso que, estas letras tienen un sentir de quedar, un sentir de eternidad que me arrullan y me dicen que él está aquí, esta allá, está detrás de mí diciéndome que todo está bien, pero también está adelante con la mano extendida.

Yo, por mi parte, abuelo, papá, te digo:


No importa que ya hayas cerrado los ojos, aún siento tú mano, así que despreocúpate, descansa, sonríe, te admiro, te sigo, me inspiras; respira profundo, ya llevas todo y no olvidas nada, yo jamás olvido, te abrazo, te veo más adelante.