miércoles, 12 de marzo de 2014

Adios (=•.•=)

Te dije “no me hagas esto” y lo hiciste, y ahora que te has marchado. ¿Qué hago con los cristales rotos? Me acuerdo cuando tenía miedo a darte el si pero tus ojos me convencieron.
¿Y ahora?, ¿qué pasó? No lo sé. Aún no entiendo si no podías quererme porque te aferras a relaciones pasadas, o porque realmente no sabes controlar tus miedos o tardaste en creerme.  Prometiste no arañar mi alma con tu indiferencia pero mi corazón ahora está más rasguñado que nunca.
Y finalmente te vas ( te dejo ir), dándome la razón y siendo peor que las demás por considerarte tan bueno. Soñaba con un futuro feliz y poder olvidar dolores pasados, y sólo hizo falta que llegaras y enamoraras a mi ingenuidad amorosa con un simple beso, haciéndome confiar. Lo de siempre.
Hace poco tiempo en una carta que te escribí me alegraba por estar en tu vida deseando estar en ella por muchos años más, y ahora me echas veloz y cruelmente de ella, sin sentido ni razón.

Sabes a la vez quisiera encargarle a alguien nuestra historia. Que me la devuelva de vieja, a esa edad en la que ya sólo se vive de recuerdos.

Rayos, ¡Cómo cuesta pronunciar un adiós!.

Cómo cuesta abandonar una historia que al principio parecía ser la más prometedora de todas las historias.

¿Cómo escribirnos un fin?. Hay puentes que se rompen y dejan de unir ciudades. Al parecer eso nos pasó a ti y a mí.

A algunos nos cuesta dejar ir, dejar de hablar, dejar de contestar llamadas y mensajes, matar esa curiosidad de querer saber cómo está, si aún respira o si al final murió, si es feliz o si le va mal. Y es que no hay un protocolo para eso.


Lo que aún tengo claro y ahora lo pondré más que en practica es que de mi abuelo aprendí que dejar ir, no es otra cosa mas que soltar con amor


No hay comentarios:

Publicar un comentario