Te dije “no me hagas esto” y lo hiciste, y ahora que te has
marchado. ¿Qué hago con los cristales rotos? Me acuerdo cuando tenía miedo a
darte el si pero tus ojos me convencieron.
¿Y ahora?, ¿qué pasó? No lo sé. Aún no entiendo si no podías
quererme porque te aferras a relaciones pasadas, o porque realmente no sabes
controlar tus miedos o tardaste en creerme.
Prometiste no arañar mi alma con tu indiferencia pero mi corazón ahora
está más rasguñado que nunca.
Y finalmente te vas ( te dejo ir), dándome la razón y siendo
peor que las demás por considerarte tan bueno. Soñaba con un futuro feliz y
poder olvidar dolores pasados, y sólo hizo falta que llegaras y enamoraras a mi
ingenuidad amorosa con un simple beso, haciéndome confiar. Lo de siempre.
Hace poco tiempo en una carta que te escribí me alegraba por
estar en tu vida deseando estar en ella por muchos años más, y ahora me echas
veloz y cruelmente de ella, sin sentido ni razón.
Sabes a la vez quisiera encargarle a alguien nuestra
historia. Que me la devuelva de vieja, a esa edad en la que ya sólo se vive de
recuerdos.
Rayos, ¡Cómo cuesta pronunciar un adiós!.
Cómo cuesta abandonar una historia que al principio parecía
ser la más prometedora de todas las historias.
¿Cómo escribirnos un fin?. Hay puentes que se rompen y dejan
de unir ciudades. Al parecer eso nos pasó a ti y a mí.
A algunos nos cuesta dejar ir, dejar de hablar, dejar de
contestar llamadas y mensajes, matar esa curiosidad de querer saber cómo está,
si aún respira o si al final murió, si es feliz o si le va mal. Y es que no hay
un protocolo para eso.
Lo que aún tengo claro y ahora lo pondré más que en practica
es que de mi abuelo aprendí que dejar ir, no es otra cosa mas que soltar con
amor …

No hay comentarios:
Publicar un comentario