Llevaba ya varios meses, días, horas, minutos; no se,
pensando en que iniciaría esta entrada con un “Mi abuelo era”, pero la realidad
es que jamás será pasado; nunca tendrá un acento de mala nostalgia, y mucho
menos de olvido. Por lo tanto puedo decir que:
Mi abuelo es un hombre que me ha tocado de todas las maneras
en que se le puede tocar el corazón a una persona. Es y siempre ha sido un ser
sin restricciones para con los suyos; tiene una constancia que te empuja, te
lleva hacia adelante si caminas junto a él. La mayor parte de su vida trabajó
en una pizzeria, la cual, por muchos años, fue el sustento de una extensa
familia y aun lo es.
A los que les tocó esperarlo todas las noches en una calle
cerca de la que era la “la casa de todos”, después de su jornada laboral,
cuentan que, se volvía un momento importante del día; yo por mi parte dejaba
volar la imaginación y creaba un momento lleno de algarabía y muchas sonrisas:
él, asomando su enorme sombra por toda la acera, ellos esperando en alguna
banqueta en donde lo esperaban ansiosos de oír alguna pisada de mi abuelo que
siempre fue quisquilloso y por demás irreverente; la noche era larga, los
cigarros y el café: un legado que llevarían hasta mis días.
Se suponía que llegaría hasta este párrafo con absoluta
firmeza, pero es importante anotar que los teclados jamás se han descompuesto
por alguna lágrima derramada, así que le doy “las tres” al cigarrillo y
prosigo:
Dejando un poco de lado el break, las horas extras y las tantas nóminas, mi
abuelo es también un anfitrión de carrera larga, le gustaba hasta hace unos
años, tomarse sus tragos y tener a toda la familia reunida por cualquier
ocasión que fuese digna de festejarse, aunque bueno, otras tantas era por el
simple gusto de echarse una platicada o una bailada con caderita pegada y todo.
Que, ya para sus años y mis años, no me tocó verlo en su plena hangueada, pero
siempre supe de sus amores antes de mi abuela, era un “Don Juan”.
Y sí llegaste hasta aquí, podrías tener la noción de que
este hombre era un cabrón bien trabajador. Lo cierto es que llegó al mundo con
varios sabores y también hay un lado bien dulce que se escapa en cada mirar que
te dirige, un “pan de dios”, le dicen, que si se manejara un perfil en
Facebook, tendría la bola de amigos que sí son amigos, que sí lo admiran y que
sí lo quieren derecho. A mí por ejemplo, me dio cada lección a partir de que
cruzo la puerta de su casa, imagínense que te recibe con un “-¿Ya comiste? –Sí.
–No importa, vuelves a comer y ya”. Imagínense.
Es por eso que, estas letras tienen un sentir de quedar, un
sentir de eternidad que me arrullan y me dicen que él está aquí, esta allá,
está detrás de mí diciéndome que todo está bien, pero también está adelante con
la mano extendida.
Yo, por mi parte, abuelo, papá, te digo:
No importa que ya hayas cerrado los ojos, aún siento tú mano,
así que despreocúpate, descansa, sonríe, te admiro, te sigo, me inspiras;
respira profundo, ya llevas todo y no olvidas nada, yo jamás olvido, te abrazo,
te veo más adelante.
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