Tú no lo sabes, pero a veces... me quedo horas observando el atardecer, hasta que cae la noche y escasas estrellas adornan el cielo de esta contaminada ciudad... y entonces, apareces, tan inmenso, impredecible e inexacto... tan infinito... e imagino que te escondes por ahí, en algún lugar entre las galaxias, que eres parte del universo, una Luna, un satélite, o quizá un agujero negro... sí, un agujero negro que me absorbe y me absorbe hasta que me pierdo en él. Y ahí estoy, en una dimensión que para otros es desconocida pero para mí es muy familiar, mi hogar, tu piel. Sin darme cuenta, te volviste un universo en mí...hice de tu sonrisa una media Luna donde me gusta dormitar, tu mirada es el manto de la noche que me abriga, tu piel el firmamento donde brillo... tú me haces brillar.
Eso, dejaste de ser una persona para volverte el centro de mi universo, de mi vida. Tal vez no lo notes, pero al estar contigo una sensación cósmica invade mi cuerpo, y recorre mi piel en un viaje sideral que explora la última fibra de mi alma hasta llegar al infinito de tu mirada...ahí donde no hay un final y se deshacen mis principios, ahí, donde dejo de ser yo para ser tuya.
Tuya desde que rozaste tus labios con los míos, en el instante preciso en el clavaste tu mirada en la mía y escarbaste mis pensamientos. Tuya desde que me dejaste lamer tus heridas y cuidar de tus cicatrices. Tuya desde que me robaste la primera lágrima, desde que me empezaste a doler. Tuya desde que te amé. Tuya siempre.
¿Sabes?, eres ese sentimiento de reconocimiento, eres esa sensación de calor que nace en mi estómago y se expande por todo mi cuerpo cada vez que te veo, que te huelo, que te siento... porque te volviste el dueño de mis sonrojos, de mis suspiros y gemidos, sin querer marcaste tu nombre en cada poro de mi piel.
Tatuaste tu presencia en mi existencia.
Y yo... oye, por cierto a todos mis lindos lectores, feliz 2012.