Se me va el tiempo. Nunca he podido tomarlo con las manos; antes de que sea presente ya es pasado. El futuro de estas letras es pasado para cuando llegue el punto. Es como el agua; la sientes, la tocas, pero no puedes quedártela.
Así empieza todo, lo cuento en pasado mientras sucede porque para cuando tú lo leas ya no será mío. Es como la espera, parece tan larga y desaparece tan invisible.
El tiempo como imbécil escapista, se ríe de mí. Planeo sabiendo que mi decisión poco vale.
El próximo año, que fue hace dos, nos conocimos. No recuerdo si muy tarde, muy temprano o muy a tiempo. Dijimos que no era el momento pero el destiempo no existe.
Quiero que algo me detenga, un letrero, un reloj, un abrazo. Ya ni siquiera hablo de ti. Ya no sé qué significas. Entiendo lo que fuiste, pero no sé nada del recuerdo. Te volviste una foto sin alma, la historia de una cama que contó tanto, pero ahora está vacía de mañanas.
Es raro; eres como eso que sabes que pasó, que sabes que sentiste pero sabe a sueño.
Y mis pies caminan solos cada vez más lejos de todo. Ahí abajo no hay pausa, caminan por instinto, necesidad o inercia.
Llegaste a desprender sentidos, a remover la razón y el miedo y el suelo y a mí, a matarme de ausencia, a llenarme de esta falta que ya late, que ya duele.
Llegaste a obligarme entrega un rato, con amor y despedida.
Qué vacío, qué frustrante, qué triste, qué grande, qué ausente, qué presente, qué absurdo, qué necesario, qué fuerte, qué débil, qué fácil, qué difícil, qué estúpido.
Tú (aquí, flotando, conmigo).
Qué bonito.
No hay comentarios:
Publicar un comentario